viernes, 25 de septiembre de 2015

Detrás de cada mujer, hay otra que la critica.



Por estos días andaba sin inspiración pues las musas me habían abandonado y no tenía ni idea sobre que escribir. Y es aquí cuando le di la razón a una frase que leí en un libro que decía algo como “las musas son un amante inconstante” y es verdad llegan cuando quieren, te llenan la cabeza de ideas  y cuando menos te lo esperas, se van. Sin embargo aquí estoy haciendo el intento de escribir algo sin que suene muy estúpido. 

Desde hace algunas semanas volví a ser una ciudadana de a pie como se dice coloquialmente, y cuando digo de a pie me refiero a que normalmente me movilizaba en motocicleta, pero por circunstancias de la vida tuve que volver a movilizarme en transporte público, cosa que aquí en Bogotá es algo que requiere de paciencia y hasta estado físico. Sin embargo lo bueno de eso es que puedo ver gente y soy de esas que disfruta viendo cómo actúan las personas que me rodean para analizar su comportamiento. Suena loco lo sé, tal vez en otra vida fui alguna psicóloga esquizofrénica que disfrutaba ver el comportamiento de las especies, no sé. El hecho es que después de analizar a muchas mujeres y hombres que se cruzan por las rutas que tomo diariamente, logré identificar que entre nosotras las mujeres nos damos muy duro, es decir nos atacamos entre nosotras mismas, cosa que no pasa con los hombres. Hasta donde tengo entendido ellos tienen hasta su lema de “No nos pisemos las mangueras” y la verdad es que con solo verlos es notorio que no se las pisan, por así decirlo. En nuestro caso eso no pasa… ¿por qué? No lo sé (¿Será porque no tenemos mangueras?) el hecho es que eso de la solidaridad de genero lo ponemos en práctica muy pocas veces, porque la mayoría del tiempo la tensión entre nosotras es notoria.

Es por eso que en este post quise relatarles algunas situaciones que he visto para que hagan memoria de si les ha pasado o ustedes son las que inician este tipo de escenas y si es así para que se planteen la posibilidad de dejarlo de hacer.

En un medio de transporte público
Mientras van en un bus, transmilenio, metro o en lo que sea que se transporten diariamente, hagan el ejercicio de mirar hacia los lados y díganme si lo que les voy a describir a continuación son solo inventos míos. (Esto es lo que pasa en Bogotá, no sé cómo sea el rollo en otras ciudades o países, pero imagino que debe ser parecido).


Pelea por las sillas: es entendible que el tener que ir de pie en un vehículo en movimiento es bastante fastidioso y más si vamos en tacones y el equilibrio no es nuestro mejor amigo. Es por eso que de mujeres al subirnos a uno de estos medios de transporte revisamos todo el vehículo y analizamos caras para ver quien tiene intenciones de bajarse pronto para poder ocupar la silla. (aunque los hombres también lo hacen pero creo que son más disimulados) Una vez identificamos a la víctima nos posicionamos a su lado y esperamos que llegue el momento en que debe bajarse. Sin embargo en ese lapso de tiempo llega otra vieja con las mismas intenciones y se posiciona a nuestro lado, y es aquí donde empieza el show. Empujadita va empujadita viene, miradita rayada va miradita rayada viene, todo para impedir que la una tome la silla antes que la otra. Cuando llega el momento de que la víctima se debe bajar, el movimiento de esa persona se convierte en la señal para iniciar el ataque con toda, tanto que la pobre victima a duras penas se puede bajar. Una vez una de ellas logra su objetivo “la silla” la otra esta dolida y empieza el contraataque con la sesión de carterazo. No les estoy diciendo mentiras es lo que he logrado ver en estos días. Continuando… empieza la sesión de carterazo que consiste básicamente el ponerle el bolso en la cara a la que se quedó con la silla, ponérselo encima de la cabeza o incomodarla constantemente con el “pequeño” bolso que solemos cargar las mujeres.  En algunas ocasiones esta sesión intensiva de carterazo va acompañada de una disimulada sesión de mechoneo, así como lo oyen he visto unas que apropósito empiezan a tirar del cabello de la otra de manera disimulada. Y es aquí donde me pregunto ¿Qué sacamos haciendo eso? Si ya se sentó pues nada que hacer, espere a que esta se baje o a que alguien más le dé la oportunidad de sentarse, pero por favor no nos tratemos a nosotras mismas así. O es que ustedes ¿han visto a tipos irse a los puños o a los empujones porque el otro le quito la silla? Nooo, eso no pasa, así que en este sentido tomemos ejemplo de ellos.

Pelea por la invasión de la zona de confort: es te es otro aspecto a resaltar mientras estamos viajando incómodamente en este medio de transporte. Entonces… definitivamente nos tocó viajar de pie y como nosotras hay muchas personas más en las mismas, por lo tanto la invasión de nuestra zona de confort es casi inminente y la única solución para evitar eso es que se baje  o se logre sentar en la silla que da a la ventana para que nadie la toque, de lo contrario le toco aguantarse. Sin embargo es aquí donde se ven más los “ataques” si la persona que está a su lado medio le pone el brazo cerca a la cara es casi como declararle la guerra y entonces empieza con empujoncito va, empujoncito viene, hay casos en los que hasta hay golpecitos en las manos para que deje de hacerlo. Y sí,  hay personas que en ocasiones lo hacen apropósito, pero con empujarla o atacarla disimuladamente no se arregla nada. De igual forma sucede con la que está detrás recargando su espalda contra la suya o la que al bajarse paso llevándose medio bus.

En la calle o en el día a día
Para estos casos es más notorio nuestro ataque y no sé si es por naturaleza que nos criticamos u atacamos unas a otras.



De paseo por la calle: En situaciones tan simples como en una multitud donde de pronto pasa una vieja por nuestro lado y sin querer nos empuja. Sacamos la fiera que hay dentro y atacamos ya sea con un empujón peor o con palabrotas. O cuando vas pasando por algún lugar y una tipa se nos queda mirando, respondemos con una mirada de esas que aniquilan al enemigo. Somos las diosas de la crítica y por lo tanto miramos a cuanta vieja se nos pase por enfrente para revisar al detalle cómo se viste, habla y camina, no importa si no la conocemos…y si la conocemos pobre de ella. Y ni hablar si estamos acompañadas, porque además de detallarla rajamos de ella después con la persona que nos acompaña. Somos egoístas y envidiosas y al ver otra vieja mejor arreglada que nosotras catalogamos a la pobre de prepago o algo peor, algunas hasta son capaces de expandir rumores falsos de la vieja para tratar de alejar a los hombres de ella o para que se quede sin amigas. Hemos visto casos en los que hay viejas que le tiran ácidos en la cara a las otras solo porque son bonitas o porque en algún momento de su vida les hicieron algo y no supieron pasar la página y continuar. Y que me dicen de cuando criticamos la vida de los demás, que malo si es soltera, que malo si es madre soltera, que malo si es casada, que malo si tiene novio en fin para eso también somos expertas.

Cuando nos enteramos de la nueva novia de un ex: En estos casos somos despiadadas, ni conocemos a la vieja y le inventamos cualquier cosa con tal de “sentirnos mejor”. Le stalkeamos la cuenta cada vez que podemos, para ver si ya es menos feliz o para ver si subió una foto donde se le ven los granos, si se le ve celulitis o se le nota alguna operación. Andamos mostrándole a nuestras amigas las fotos de la vieja para que se unan a la sesión de críticas y para que de paso ellas también le stalkeen la cuenta. ¿Qué culpa tiene la vieja de terminar al lado del idiota que las dejo?, déjenla ser feliz con el tipo, o es que ¿acaso no se dan cuentas que ustedes pueden estar en una situación así pero a la inversa?, si, cuando empiecen una nueva relación muy seguramente la ex de ese nuevo amor les estará haciendo lo mismo. Así que piénselo dos veces antes de. Piensen en esa frase de “no hagas lo que no quieres que te hagan a ti”.

Ya para finalizar mi consejo es que tratemos de llevarnos bien con nuestro propio género, nada sacamos criticándonos, atacándonos entre nosotras, más bien lo único que hacemos es abrirle la puerta a ellos para que empiecen a hacernos lo mismo. Recuerden eso de “la unión hace la fuerza”… aunque por el momento eso de unión entre nosotras no existe.

Cat..

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